Al estar de pie también tendemos a sufrir desajustes posturales en la zona superior del cuerpo, debido a una descompensación de las cargas.
Por ejemplo, es bastante habitual tener un hombro más bajo que el otro o encogernos de hombros. Esto último, a la larga, puede producir cifosis (chepa).
También podemos tender a dejar la zona lumbar flácida y redondeada hacia atrás, creando una insana curva cóncava en la columna (curva en “C”). Esto puede ser causa del dolor lumbar y en menor medida del cervical.
Corrección:
Nuestro objetivo tiene que ser recuperar la curvatura natural de la columna: zona lumbar convexa, dorsal cóncava y cervical convexa, es decir, una columna que vista de perfil dibujaría una “S” sinuosa.
Para conseguirlo debemos en primer lugar activar el abdomen, llevando el ombligo hacia dentro y hacia arriba (hacia la columna y luego hacia los pulmones).
El siguiente paso será crear una sonrisa en el pecho, llevando hombros hacia atrás y las escápulas hacia los glúteos. Esto recoloca y relaja el cuello y el pecho (lo que se conoce como cintura escapular).
Una vez que hemos reajustado la zona inferior y superior del torso hemos de intentar hacer habitual esta postura. Este será un trabajo constante pues la vida sedentaria nos conduce a tener una postura insana, no ergonómica.
Para conseguirlo nos ayudara la respiración intercostal: siempre con el abdomen activo, inhalamos y los pulmones se llenan, las costillas se separan del esternón y se elevan hacia clavículas. Al exhalar, las costillas bajan hacia el diafragma y se juntan hacia el esternón.