Al estar de pie, inmóviles, tenemos tendencia a repartir de modo asimétrico el peso corporal, lo cual suele traducirse en desequilibrios en la silueta y malestares óseos y musculares.
Esto puede ser producto de apoyar nuestro peso fundamentalmente en una pierna, con la rodilla bastante flexionada, usando la otra de auxiliar para el equilibrio.
También se puede deber a un apoyo desequilibrado en los pies: en los talones, en el borde interno del pie, en el borde externo del mismo, o más, infrecuentemente, en los dedos y las almohadillas (metatarsos), aunque ambas piernas soportan la carga por igual.
Corrección:
Repartiremos el peso entre los dos pies, distribuyéndolo por igual en cada uno de los cuatro apoyos de cada pie: la mitad trasera y delantera por un lado y el lateral externo y el interno por el otro.
Además colocaremos ambos pies paralelos entre sí, mirando al frente. Esta recolocación la haremos desde la articulación de la cadera y así lograremos que los pies, las rodillas y las caderas estén en el mismo eje.
También flexionaremos levemente las rodillas -o algo más si nos falta flexibilidad-, sin descuidar la distribución del peso en los cuatro apoyos arriba mencionados, pues al flexionar las rodillas tenemos un impulso natural a cargar el peso en los talones, lo que
fomenta el dolor en las plantas del pie.